
Nuevo año, nuevas derrotas, pienso, mientras leo en el periódico que Melcior Comes ha ganado el Premio Josep Pla de novela.
En su día me topé con él y su pedantería, perfectamente adaptada a su semblante percutido por ínfulas antigregarias. Le recuerdo rodeado de un séquito de jóvenes universitarias que no se sabía muy bien porqué, estaban ahí. Personalmente nunca me interesé por descubrir en qué punto de su persona radicaba su belleza.
Hoy lo veo en la portada de un diario, con la sonrisa fácil del éxito y la solemnidad malentendida de quien no es capaz de superar la liturgia y ortodoxia literarias. Probablemente, tampoco tenga nunca verdadero interés por hacerlo.
El protagonista de Littell es un cabrón desde el principio mientras que Walter Stamm es una buena persona atrapada por los acontecimientos históricos, dice en alusión a la aclamada Las Benévolas del citado autor.
Cuando leo estas palabras no puedo comprender a qué está jugando. Esto no es un ensayo general, señores: esto es la vida, dijo una vez Oscar Wilde. Lo mismo sucede con la literatura. Algunos escritores desconocen absolutamente que la literatura bien entendida no es un juego, ni una carrera al sprint donde se trata de ver quien gana mejor y primero. Es una carrera de fondo, de mucho fondo emocional.
Algunos tampoco entienden que la buena literatura se hace a base de fracturas. Uno tiene que romperse todo para llegar a tener algo que decir que revista verdadero interés para los demás. No vamos bien, amigo Melcior, con afirmaciones como esta. Todavía eres una pelagatos con ciertas dotes y el oficio bien aprendido, eso sí. ¿Pero dónde está tu duende para el cante jondo literario?
En este contexto es comprensible que sea alguien como tú quien afirme que la novela es el único género que realmente puede aportar una nueva dimensión humana desde un punto de vista muy completo. ¡Pobre condenado a la efervescencia del éxito que se retroalimenta! Sólo desde la profunda ignorancia de un novato con ganas de comerse el mundo, se puede tener la osadía de proclamar una sentencia tan errónea.
No todo es liteartura, ni todo son novelas, ni todo eres tú, amigo Melcior.
En su día me topé con él y su pedantería, perfectamente adaptada a su semblante percutido por ínfulas antigregarias. Le recuerdo rodeado de un séquito de jóvenes universitarias que no se sabía muy bien porqué, estaban ahí. Personalmente nunca me interesé por descubrir en qué punto de su persona radicaba su belleza.
Hoy lo veo en la portada de un diario, con la sonrisa fácil del éxito y la solemnidad malentendida de quien no es capaz de superar la liturgia y ortodoxia literarias. Probablemente, tampoco tenga nunca verdadero interés por hacerlo.
El protagonista de Littell es un cabrón desde el principio mientras que Walter Stamm es una buena persona atrapada por los acontecimientos históricos, dice en alusión a la aclamada Las Benévolas del citado autor.
Cuando leo estas palabras no puedo comprender a qué está jugando. Esto no es un ensayo general, señores: esto es la vida, dijo una vez Oscar Wilde. Lo mismo sucede con la literatura. Algunos escritores desconocen absolutamente que la literatura bien entendida no es un juego, ni una carrera al sprint donde se trata de ver quien gana mejor y primero. Es una carrera de fondo, de mucho fondo emocional.
Algunos tampoco entienden que la buena literatura se hace a base de fracturas. Uno tiene que romperse todo para llegar a tener algo que decir que revista verdadero interés para los demás. No vamos bien, amigo Melcior, con afirmaciones como esta. Todavía eres una pelagatos con ciertas dotes y el oficio bien aprendido, eso sí. ¿Pero dónde está tu duende para el cante jondo literario?
En este contexto es comprensible que sea alguien como tú quien afirme que la novela es el único género que realmente puede aportar una nueva dimensión humana desde un punto de vista muy completo. ¡Pobre condenado a la efervescencia del éxito que se retroalimenta! Sólo desde la profunda ignorancia de un novato con ganas de comerse el mundo, se puede tener la osadía de proclamar una sentencia tan errónea.
No todo es liteartura, ni todo son novelas, ni todo eres tú, amigo Melcior.



2 comentarios:
¿Que nos corroe la envidia, Sr. porco? :p
Bien, debo confesar que no esperaba una pregunta de tan profundo calado puesto que, objetivamente, parece obvio que dada mi edad y mi afición por la escritura, se me podrían atribuir fácilmente tales sentimientos con el matiz que se señala.
No obstante como bien dice la expresión: "cree el ladrón que todos son de su condición".
Afortunadamente no padezco los ardores de la envidia, más bien soy una persona crítica por vocación.
En cualquier caso, anónimo/a, agradezco que hayas animado esto un poco, aunque no hubiera estado mal que dieras la cara. Pero cada cual que cargue con sus miserias, yo no soy quién para juzgarlas.
un saludo!
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