
Las almorranas son, como poco, una anécdota que demuestran algo más que la existencia de la noche. Más bien se convierten en vestigio de ciertos excesos en los que a menudo nos vemos empujados, sin discurso propio, sin argumentos que definan su justa causa.
1. f. Med. Tumoración en los márgenes del ano o en el tracto rectal, debida a varices de su correspondiente plexo venoso. Más bien sangre, dolor y lágrimas en el puto culo, yo diría. En cualquier caso es interesante constatar que puede darse una sana convivencia.
Parece ayer cuando recuerdo a mi adolescente compañero describiendo sus primeras experiencias en este campo tan dichoso y receloso de intromisiones espontáneas. Por supuesto que yo también era un adolescente, eran tiempos de ignorancia, de descrédito y de bondad malentendida. Huelga decir que me costaba comprender tales sufrimientos. “Lo que hago es meterme para adentro las venas hinchadas alrededor del ojete” explicava, es decir: tenía que recolocar o reconducir las, sin duda, impertinentes tumoraciones de los márgenes del ano en el interior de su tracto rectal. Canela fina, que algunos dirían. Mero discurso escatológico para otros.
Hoy, nuestra amarga decadencia nos muestra la debilidad de la carne, más concretamente me palpo con los dedos los entresijos más corruptos de mi ano, mientras pienso en las cervezas que he bebido a lo largo de la noche. Pienso que no puede ser, he dejado la coca, los porros y el tabaco. ¿Para qué? Para acabar constatando la fungibilidad de nuestros cuerpos y mi decisión irrevocable de no renunciar nunca más al dorado placer de una cerveza.
1. f. Med. Tumoración en los márgenes del ano o en el tracto rectal, debida a varices de su correspondiente plexo venoso. Más bien sangre, dolor y lágrimas en el puto culo, yo diría. En cualquier caso es interesante constatar que puede darse una sana convivencia.
Parece ayer cuando recuerdo a mi adolescente compañero describiendo sus primeras experiencias en este campo tan dichoso y receloso de intromisiones espontáneas. Por supuesto que yo también era un adolescente, eran tiempos de ignorancia, de descrédito y de bondad malentendida. Huelga decir que me costaba comprender tales sufrimientos. “Lo que hago es meterme para adentro las venas hinchadas alrededor del ojete” explicava, es decir: tenía que recolocar o reconducir las, sin duda, impertinentes tumoraciones de los márgenes del ano en el interior de su tracto rectal. Canela fina, que algunos dirían. Mero discurso escatológico para otros.
Hoy, nuestra amarga decadencia nos muestra la debilidad de la carne, más concretamente me palpo con los dedos los entresijos más corruptos de mi ano, mientras pienso en las cervezas que he bebido a lo largo de la noche. Pienso que no puede ser, he dejado la coca, los porros y el tabaco. ¿Para qué? Para acabar constatando la fungibilidad de nuestros cuerpos y mi decisión irrevocable de no renunciar nunca más al dorado placer de una cerveza.



1 comentarios:
Me acabo de operar, luego que se vaya el dolor postoperatorio podre volver al tabaco, el cafe y la cerveza!!
te recomiendo la operacion con engrampadoras :)
Publicar un comentario en la entrada